¿Cómo podemos favorecer un despertar agradable?

El despertar, aunque no tanto como el dormir, es importante para niños y niñas, pues por una parte condiciona la actividad que vayan a llevar a cabo a lo largo del día, y por otra incide en la relación con el resto de la familia, un mal despertar o despertar temprano les condiciona.

Tan importante es que el niño o niña comprenda que tiene una hora para irse a dormir, como que tiene que tener una hora adecuada para despertarse.

Pero hay que tener en cuenta que cada niño o niña tiene un ritmo de sueño diferente, y que hay por tanto unos niños y niñas más madrugadores que otros, y que una vez han satisfecho su necesidad de sueño, se despiertan y quieren levantarse.

Cuando el niño o la niña son menores de un año es normal que lloren, pues puede tener necesidades, hambre, pañal sucio, molestia, cuya respuesta es llorar para que la persona adulta satisfaga esas necesidades, pero poco a poco tendremos que procurar que no lo haga.

El niño o niña deberán ir acostumbrándose a estar solos cuando se despiertan y a ser autónomos para levantarse, deberán no necesitar la presencia inmediata de la persona adulta.

Cuando el niño o niña le cueste levantarse tendremos que hacerles comprender que tienen sueño y que están cansados porque la noche anterior se acostaron más tarde de lo debido.

Si remolonean en la cama o se ponen de mal humor, podremos dejarles en la cama un rato, pero es preciso que entiendan que deben levantarse para evitar que luego se realicen las otras actividades como el aseo, vestido o desayuno de manera acelerada, se les puede avisar antes de la hora necesaria.

De 1 a 2 años
  • Puede no gustarles encontrarse solos cuando se despiertan.
  • Pueden ir a buscar la compañía de personas adultas.
  • Si se despiertan en mitad de la noche pueden costarles trabajo volver a dormirse.
De 2 a 3 años
  • Cuando se despiertan pueden entretenerse solos sin la presencia de personas adultas.
  • No les gusta estar solos mucho tiempo cuando se despiertan.
  • Son sensibles a la falta de sueño y les cuesta empezar la actividad.
De 3 a 4 años.
  • Pueden estar más tiempo sin la presencia de personas adultas.
  • Piden ayuda a las personas adultas.
  • Si se despiertan por la noche reclaman la presencia de alguna persona adulta y les cuesta aceptar que les vuelvan a dejar solos.
De 4 a 5 años.
  • Se entretienen solos esperando la presencia de la persona adulta.
  • Empiezan a resolver necesidades esperando a que se despierten las personas adultas.
  • Después de un tiempo, reclaman la presencia de personas adultas.
  • Todavía notan la falta de sueño, pero empiezan a controlarse.
  • Si se despiertan por la noche, reclaman a la persona adulta, pero empiezan a aceptar que no esté junto a ellos.
De 5 a 6 años.
  • Saben organizar actividades de forma autónoma.
  • Van a la cama del padre y la madre y les cuentas cosas.
  • Si tienen falta de sueño son más lentos a la hora de realizar actividades.
  • Comienzan a aceptar el hecho de no estar con la persona adulta e intentan controlar sus miedos.

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